El yoga, nuevo espíritu del capitalismo, de Zineb Fahsi


Como practicantes de yoga, como docentes de yoga y en cualquier caso, válido para cualquier profesión u oficio, lo que compartimos adquiere una dimensión política. Cuál es nuestra visión de nuestra tarea, cómo la implementamos, qué tipo de relación establecemos con nuestros pares, con lxs practicantes, con nuestros docentes. ¿Es jerárquica? ¿Es horizontal? ¿Cómo transmitir el conocimiento sin imponerlo? ¿Cómo reconocer las diversas posibilidades de enseñar y aprender un objeto de estudio tan vasto, tan modificado a lo largo de la historia y geografía como el Yoga?


Este libro estudia el derrotero que ha tenido el Yoga desde sus comienzos a nuestros días. Y parte del interrogante sobre la estrecha relación con la ideología neoliberal, que endilga la responsabilidad de bienestar, de salud, de perfeccionamiento de sí, de "éxito" a una cuestión individual y no a circunstancias políticas. ¿Estar bien depende de mí? ¿Eso es Yoga o es un axioma neoliberal? En un mundo y hasta en nuestro país encontramos miles y miles de conductas, frases, políticas de Estado que promueven el "sálvese quien pueda". Si dejamos que Yoga sea tomado por el individualismo, es una decisión política. Es difícil salirse de ahí, también es posible, porque todo discurso hegemónico pareciera ser un embudo donde todxs caemos, y nadar para arriba para salirse de la botella cuesta mucho más.

El Yoga no nació para el bienestar individual. Surgió en respuesta a una "visión positiva y optimista de la existencia humana alrededor del siglo VI aec" y se basó primariamente en que "la condición humana ordinaria es por esencia miserable, incierta y, por lo tanto, sufriente". En esa época, la religión védica se había impuesto sobre las poblaciones autóctonas, de matriarcados a patriarcados, de sistemas locales a la estratificación social determinado en castas.

Así, hay más de 30 siglos que explican "un" Yoga influenciado en cada contemporaneidad y procesos históricos. El hito del colononialismo británico y la posterior emancipación india volcaron la filosofía del yoga hacia la cultura física. En el territorio asiático se transformó la práctica soteriológica que promovía la liberación del ciclo de renacimientos en una "ciencia" capaz de forjar ciudadanos fuertes. Por otro lado, en Europa las atrocidades cometidas durante el siglo XX hicieron que la ciencia ya no sea vista como "signo de progreso humano".

El recorte imaginario de "oriente" como una invención de "occidente" navegó entre el exotismo religioso y la apropiación cultural. Así, es funcional a un ser europeo tras el fracaso de la confianza ciega en una ciencia creada para exterminar semejantes, buscar las respuestas para la "evolución humana" en un imaginario más allá: el oriente "exótico y misterioso". Nada de revisar la propia mierda, claro que no.

En los años 60s, la contracultura estadounidense empieza a enredar su discurso entre beatniks, gurúes, teósofos y filósofos indios de primera mitad de siglo XX. Se ponen en cuestionamiento las instituciones familia, Estado, se rechazan las ideas de utilitarismo, mecanización y uniformación de sociedades. Vietnam, como símbolo del imperialismo, del militarismo y del autoritarismo se erige como enemigo para izarle las banderas de la paz. El movimiento hippie instrumentaliza la sabiduría india apoyado en "significantes flotantes" (términos lo suficientemente imprecisos para poder asociarlos al contenido simbólico de preferencia), como por ejemplo las nociones de prana y siddhis. La experiencia y la expresión personales priman en el mundo que critican. Las rebeliones ya no son políticas, sino "de conciencia".

Se allana el terreno al movimiento new age. La "retórica de transformación colectiva hacia un mundo más justo e igualitario, paradójicamente, abandona toda referencia crítica a las estructuras políticas, económicas y sociales que precisamente originan las injusticias denunciadas". Los niveles cósmico e individual ya no son intermediados por el político, entonces el neoliberalismo se frota las palmas, se empieza a salivar y la emanación del boom de la astrología, la ley de atracción, el coaching, el pensamiento positivo, la canalización y un sin fin de teorías cuyas nociones de esfuerzo y responsabilidad individuales son "los motores del cambio personal y colectivo".

Años noventa. Ya desde antes el yoga deja de ser propiedad de enseñanza de gurúes, se diversifican profesores, se dividen los métodos. El yoga puede ser una marca, y también un conjunto de tips. Asimismo, las empresas integran tanto el yoga, como el mindfullness, el PNL, eneagrama y diversas técnicas para el bienestar del trabajador, en función de aumentar su productividad y responsabilidad con la empresa. "Hubiéramos preferido que simplemente nos aumentaran el sueldo" dijo un empleado de Henry Ford. Fuera de chiste, lo perverso es que se invierte la responsabilidad del empleador de garantizar condiciones laborales adecuadas, en el propio empleado. El trabajador ahora sacrifica su tiempo, su energía y hasta su propia interioridad.

Estar bien depende de unx. La insatisfacción inducida se alimenta de un sinfín de necesidades de consumo de terapias y "experiencias". Empoderarse, el "imperativo continuo del dominio de sí". Superarte a vos misma, ser la mejor versión de vos misma. La autenticidad como escisión del yo de un contexto social. El valor de cada ser cuantificado en el capital humano. El paroxismo del yoga como nuevo espíritu del capitalismo.

¿Y qué queda de todo esto? ¿Cómo rescatamos al Yoga de los escombros? No se trata de volver al yoga premoderno, sería imposible. Concluye Fahsi, dejarse interrogar por las distintas concepciones del "yo", del "Sí". Transformar la  práctica meditativa en un abrazo al mundo, en lugar de capturarlo, dominarlo, consumirlo. En su dimensión corporal, tender hacia una práctica exploratoria, curiosa, basada en la escucha, unir el hacer y el ser, el cuerpo sujeto. Brindar espacios de resistencia ante discursos dominantes. Un Yoga como práctica de cuidado y consideración hacia el otro.