Bienvenida ashtangui
Claro que no es fácil practicar todo los días. Entregarse a la propia voluntad del tiempo dedicado a unx ("este momento me va a hacer bien") es una decodificación tan simple como compleja por todas las contingencias a las que nos exponemos de forma irremediable. Y muchas veces esas contingencias nos toman al punto de reconocernos no más que en ellas.
En los últimos tiempos tuve la posibilidad de conocer muchos seres transerranos. Me enseñan en el día a día la diversidad de problemáticas, de desafíos vitales con los que se encuentran y con los que yo misma también me topo.
Un crudo invierno, crianzas, vínculos, economías, dolores circunstanciales y crónicos evidencian la famosa aventura de vivir que nos toca en este espacio tiempo.
No es magia ni sabiduría la exploración física epidérmica que viaja a las profundidades. Somos de carne y hueso, más acá de la luz que muchxs manifiestan.
El método de Ashtanga Mysore es una herramienta, o más bien un camino, cuando ya dejamos que sea parte de nosotrxs. Hay una guía secuencial base para desarrollar nuestra búsqueda. La tradición puede ser rígida ("empezá con la pierna derecha", dice la profe, y todxs nos preguntamos por qué siempre así), pero también nos da la posibilidad de que sea un faro más que una huella a la que tenemos que encajar con nuestro pie.
Respiramos por nariz simplemente, y una vez que aprendemos parte de la serie, se nos indica un tipo específico de respiración.
La conciencia de lo que estoy haciendo es un trabajo, no es automática. Si nos lastimamos en una ejecución de postura, en una sesión, no celebramos. Pero podemos aceptar y escuchar en tiempo presente a qué no hemos prestado atención, qué límites no pusimos, qué formalidad está afuera y qué necesidad real transito.
El Ashtanga nos permite encarar cada práctica de acuerdo a cómo estemos en ese momento. Comunicar desde el cuerpo a la la mente, de la mente al cuerpo, de palabra a la docente, abrir la escucha para un diálogo que sintonice con nuestro estado, es un trabajo.
Rendirse a la sabiduría profunda y poder comunicar desde la palabra y el cuerpo, qué poder humilde, qué dicha inigualable.
Descubrámosnos. Una y otra vez.
A eso nos invita el Ashtanga.
Que nos sea bienvenida.