El desapego es una forma de querernos


No vi aún ni una foto de Selva Almada. Imagino una fisonomía distinta un día tras otro. Ella habla a través de su narrativa y la fantasía relato vivida configura una imagen fantasmal de quien escribe.

El desapego es una forma de querernos es un conjunto de relatos (algunos divididos en pequeños capítulos) que a veces se conectan entre sí por los personajes y otras, simplemente por el universo de los pueblos entre ríos (sí, de Entre Ríos también).

La familia, la niñez, la hora adolescente, las llegadas de la muerte primero lejanas y cada vez más cerca desde la óptica de distintos personajes, la senilidad. Lo tan lejano que puede ser un cuerpo al lado tuyo, porque los años pasan y la vida queda estancada. La melancolía y recordar a quien se ama desde el rencor, quizás así vuelva de la muerte para volver a odiarlo más.

La imagen de la portada del libro podría ser un atardecer acá en la sierra mirando hacia el oeste. Es allá lejos mesopotamia, pero es acá: donde el sol baja atravesando el valle entre el monte, escurriendo su luz en un reloj ardiente.

Lidia Viel elige el camino de no saber. La amistad se diluye a través del tiempo por la distancia obligada en la vida de los adultos. Ir al funeral de alguien de quien apenas una recuerda. El dolor que no es un reflejo. "El desapego es nuestra forma de querernos" dice un hombre a su esposa tras anunciar la muerte de su hermano. Y Selva pone en palabras la noticia desde el repasador colgado al hombro, con el cigarrillo dando vueltas. Trasladar un cadáver para entregarlo a su familia.

Selva Almada cuenta cuentos, reúne distintas formas del querer, de creer, y de comportarse frente a la muerte.

Vayan a ella!

  



Selva Almada y el olor de cada narración. Las moras, los puchos, la sangre, las flores.