La Bhagavadgītā: karma yoga y bhakti yoga

Laia Villegas y Òscar Pujol; Diccionario del Yoga, historia práctica, filosofía y mantras; Editorial Herder; 2017.

Parte 1. Breve historia del yoga.

Capítulo 3. Período épico (s. VI a.C. - II d. C.)

3.2. La Bhagavadgītā: karma yoga y bhakti yoga

La Bhagavadgītā (s. II a.C. - II d.C.), también llamada simplemente Gītā, es el texto más popular del hinduismo y el más conocido en Occidente. Aunque representa solo una pequeña parte del libro VI del Mahābhārata, puede leerse de forma independiente, y para muchos es un texto sagrado. Su importancia radica en que es uno de los testimonios más antiguos del monoteísmo devocional en la India y en que introduce un nuevo enfoque en la espiritualidad hindú: la importancia de la acción desapegada (karma) y la devoción (bhakti) además del conocimiento (āna), en el camino que conduce a la liberación.

La Gītā es un excurso filosófico que se inserta en la trama narrativa del Mahābhārata en el momento crítico de la gran guerra, cuando Arjuna, el guerrero más notable de los pāṇḍava, se queda paralizado en el campo de batalla al ver en las líneas enemigas a sus familiares y amigos queridos. En este momento crítico, Krṣṇa se le revela para convencerle de que si no lucha impediría el cumplimiento del destino: la victoria de los pāṇḍava y  el restablecimiento del orden social y cósmico. Krṣṇa sugiere a Arjuna que puede resolver su dilema si abraza una perspectiva más amplia, que combine una perspectiva universal con una acción desapegada y responsable con lo demás. Esta enseñanza recibe el nombre de karma yoga o "yoga de la acción. 

El karma yoga enseña que no es la acción en sí lo que produce residuos kármicos, sino los deseos y los pensamientos egoístas que subyacen  motivan nuestras acciones. En cambio, si realizamos las acciones sin deseo ni motivos egoístas, no generamos karma, purificamos la mente y nos hacemos dignos de la liberación. Practicar el karma yoga consiste en actuar según nuestra propia naturaleza y nuestros deberes sociales, pero no para el beneficio propio, si no con una actitud de servicio hacia todo aquello que nos trasciende y renunciando a los frutos de la acción.

En un cosmos en que todo está engarzado, cumplir con el propio deber y se fiel a uno mismo (svadharma) significa contribuir a la armonía cósmica (dharma) y al bien común (loka-sangraha). Desde este punto de vista, el trabajo y las acciones cotidianas pueden convertirse en un culto, en una acción sagrada que reemplaza por completo los rituales religiosos. De hecho, la verdadera renuncia no consiste en renunciar al mundo y a sus placeres, sino en renunciar a los frutos de las propias acciones. Este yoga de la acción desinteresada se puede resumir del siguiente modo: “Actúa cumpliendo tus deberes sociales lo mejor que puedas, sin permitir que sea el ego y el deseo los motores de tu acción. La finalidad de tus acciones debe ser siempre el bien común de todos los seres”.

La doctrina del karma yoga tuvo mucho éxito en la India porque consiguió reconciliar las prácticas del brahmanismo ortodoxo con la vida cotidiana de las clases populares y sus creencias teístas, poniendo al alcance de todas las personas las enseñanzas espirituales y la posibilidad de alcanzar la liberación. A la ya conocida vía espiritual de la renuncia y la meditación (jñana yoga), de una forma no excluyente, sino complementaria. De esta forma, el yoga, como camino espiritual integral, se convirtió en un concepto flexible que toma una forma concreta según el contexto social, la etapa de la vida y el temperamento espiritual de cada persona.

Más allá del karma yoga, el bhakti yoga y el jñana yoga, la  Gītā habla de una gran variedad de yogas y, en el capítulo sexto, describe la práctica de un yogui que parece coincidir de cerca con el mismo Patañjali. El yogui se ha de sentar en un lugar tranquilo, en una postura determinada, concentrar su mente en la punta de la nariz e intentar aquietar la mente hasta conseguir detenerla gracias a la práctica de la meditación. En cierto momento Arjuna manifiesta que el yoga de la detención mental se le antoja algo imposible, ya que la mente es inestable por naturaleza y difícil de controlar como el viento. Al igual que Patañjali, Krsna contesta que los dos medios para controlar la mente son la práctica (abhyāsa) y el desapego (vairāgya) y que la mente es más fácil de controlar cuando los sentidos están apaciguados. En un pasaje, Krsna afirma que cada vez que la mente se disperse, hay que recogerla de nuevo en uno mismo. La Gītā, además, utiliza muchos términos que se encuentran en Patañjali. Hay que preguntarse si el autor de la Gītā conocía los Yogasūtra, o por el contrario todo esto refleja la popularidad de ciertas prácticas comunes en el contexto religioso de la época. Quizás una de las mayores diferencias entre el yoga de la Gita y el de Patañjali es su insistencia en el ātman y el brahman, términos ajenos a Patañjali. En este sentido el yoga de la Gītā se alejaría de la influencia del sāmkhya y se acercaría más al vedānta.

Para leer el libro desde el principio, acceder a textos y revisar las entradas anteriores.