¿Los orígenes védicos del yoga?

Laia Villegas y Òscar Pujol; Diccionario del Yoga, historia práctica, filosofía y mantras; Editorial Herder; 2017.

Parte 1. Breve historia del yoga.

Capítulo 2. Período védico (s. XVI-VI a. C.)

2.1 ¿Los orígenes védicos del yoga?

Igualmente de arriesgado es intentar ver en los Vedas el origen del yoga. La antigua religión védica está claramente centrada en el sacrificio y en el ritual, y parece que tiene poco que ver con la práctica del ascetismo y de introspección contemplativa. Como veremos, no es hasta las Upaniṣad cuando realmente se opera una interiorización del sacrificio a través del conocimiento. Sin embargo, sí que encontramos en los Vedas el concepto de tapas o calor creativo y purificador, que jugará un papel primordial en la articulación del ascetismo indio. De hecho, la misma palabra tapas (lit. "calor", en latín tepor, "calor suave, tibieza"), se convierte en sinónimo de ascetismo. Uno de los llamados himnos especulativos del Ṛg-veda, el Himno a la Nada, nos cuenta que el primer ser nació gracias al calor de las aguas primordiales. La idea de que al inicio de la creación el demiurgo se esfuerza y ese esfuerzo produce un calor corporal del que emerge el mundo se encuentra muy presente en los Brahmana y en las Upaniṣad. Encontramos ya aquí los elementos que darán sentido a la práctica ascética. El esfuerzo provoca un calor interior que proporcionará poderes o un conocimiento extraordinario y oprarará tanto una  transformación tanto corporal como mental. Es el fuego purificador del ascetismo que cocina el cuerpo y la mente del asceta, al igual que el fuego del sacrificio cocina y prifica la ofrenda para que sea digna de los dioses. Recordemos que el tapas es uno de los tres elementos del kriya-yoga de Patañjali y también uno de los cinco niyama. Al hablar de los orígenes del yoga es fácil pensar que hay que buscar sus raíces en prácticas chamánicas ancestrales comunes a muchos pueblos. Sin embargo, esto nos sirve de muy poco para trazar los orígenes del yoga. La idea de que el ascetismo extremo, los ritos de pasaje, las pruebas iniciáticas y la ingestión de ciertas sustancias  producen efectos ecstáticos que parecen otorgar poderes extraordinarios está muy bien documentada no sólo en pueblos de la antiguedad, sino también el los pueblos indígenas contemporáneos, pero esto no explica por qué el yoga nace en la India y no en las llanuras del Oeste americano o en lo profundo del Amazonas o en las brumosas tierras de los pueblos celtas. Es necesario distinguir entre este tipo de prácticas ecstáticas realizadas por los chamanes, brujos o sacerdotes que cumplen una función dentro de su grupo social y las tradiciones sistémicas de la renuncia, practicadas por congregaciones de monjes, ascetas o renunciantes que conscientemente se apartan del mundo y se dedican por entero a una vida contemplativa al margen de la sociedad.

Como veremos en el siguiente apartado, es en estas tradiciones sistemáticas de la renuncia donde hay que buscar los orígenes históricos del yoga. A partir del siglo VI a.C., surge un nuevo ideal religioso que busca la liberación, el ṇirvāna, el aislamiento o la iluminación, y que se manifiesta en las distintas tradiciones ascéticas brahmánicas y de las órdenes no brahmánicas, conocidas con el nombre de śramaa, propias del materialismo, el agnosticismo, el jainismo, el budismo y los ājīvika, entre otros. El nacimiento ideal monástico en el seno del budismo permitirá  la observación sistemática de los procesos de la meditación y su posterior codificación en el canon pali. De hecho, los Yogasūtra de Patañjali están repletos de términos budistas propios del canon pali.

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