Antes de Movernos 16 de agosto
La respiración actúa en nosotres, pero no nos pertenece. El aliento no está dentro nuestro, sino que nosotres estamos en el aliento. Por medio de él, nos hallamos constantemente unides a algo que se encuentra más allá de lo creado, más allá de la forma. El aliento hace que esta unión con el ámbito metafísico (literalmente: con lo que está Detrás de la Naturaleza) no se rompa. Vivimos en el aliento como dentro de un gran claustro materno que abarca mucho más que nuestro ser pequeño y limitado (...) la vida sólo se experimenta abriéndose a ella y dejándose inundar por ella.
La respiración es el cordón umbilical por el que esta vida viene a nosotres. La respiración hace que nos mantengamos en esta unión. (...) Por muy deseoso que el ser humano esté de encapsularse en su ego, la respiración le obliga a mantener la unión con lo ajeno al yo. Recordemos que nosotros respiramos el mismo aire que respira nuestro enemigue. Es el mismo aire que respiran los animales y las plantas. La respiración nos une constantemente con todo. (...)
Nuestro pulmón tiene una superficie interna de unos setenta metros cuadrados, mientras que el área de nuestra piel no mide sino entre metro y medio y dos metros cuadrados. El pulmón es nuestro mayor órgano de contacto. Si observamos con más atención, distinguiremos las diferencias existentes (...); el contacto de la piel es inmediato y directo. Es más comprometido y más intenso que el de los pulmones y, además, está sometido a nuestra voluntad. Une puede tocar a otra persona o no tocarla. El contacto que establecemos con los pulmones es indirecto, pero obligatorio.
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De “La enfermedad como camino” de T. Dethlefsen y R Dahlke, texto que sonó el encuentro pasado a partir de uno de los hilos que urdieron palabra y música.
Este domingo 16 de agosto - 17,30 hs, por Zoom, nuevo viaje, a la gorra virtual.
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Los textos leídos fueron: fragmentos de Mi experiencia con el Japón, ensayo de J. L. Borges, de “Mil grullas”, de Elsa Bornemann; haikus de Matsuo Basho; y la frase “Nada de lo que pasó es olvidado, incluso si ya no lo recuerdas” del film El viaje de Chihiro.
La lista de música, acá.
La respiración es el cordón umbilical por el que esta vida viene a nosotres. La respiración hace que nos mantengamos en esta unión. (...) Por muy deseoso que el ser humano esté de encapsularse en su ego, la respiración le obliga a mantener la unión con lo ajeno al yo. Recordemos que nosotros respiramos el mismo aire que respira nuestro enemigue. Es el mismo aire que respiran los animales y las plantas. La respiración nos une constantemente con todo. (...)
Nuestro pulmón tiene una superficie interna de unos setenta metros cuadrados, mientras que el área de nuestra piel no mide sino entre metro y medio y dos metros cuadrados. El pulmón es nuestro mayor órgano de contacto. Si observamos con más atención, distinguiremos las diferencias existentes (...); el contacto de la piel es inmediato y directo. Es más comprometido y más intenso que el de los pulmones y, además, está sometido a nuestra voluntad. Une puede tocar a otra persona o no tocarla. El contacto que establecemos con los pulmones es indirecto, pero obligatorio.
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De “La enfermedad como camino” de T. Dethlefsen y R Dahlke, texto que sonó el encuentro pasado a partir de uno de los hilos que urdieron palabra y música.
Este domingo 16 de agosto - 17,30 hs, por Zoom, nuevo viaje, a la gorra virtual.
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Los textos leídos fueron: fragmentos de Mi experiencia con el Japón, ensayo de J. L. Borges, de “Mil grullas”, de Elsa Bornemann; haikus de Matsuo Basho; y la frase “Nada de lo que pasó es olvidado, incluso si ya no lo recuerdas” del film El viaje de Chihiro.
La lista de música, acá.
